jhonlp de lo ejercito

miércoles, 24 de junio de 2015










 

 

 

 

 

 

¿Cómo puedo servir a Dios en mi trabajo?

Nuestro llamado primordial es siempre a Cristo. Os Guinness, en El Llamado , dice: “Ante todo hemos sido llamados a Alguien (Dios), no a algo…ni a un lugar.” Pero luego añade que Dios también nos llama vocacionalmente. Su plan para nosotros incluye nuestro trabajo.
Como joven creyente, pensaba que para servir plenamente a Dios tenía que hacerlo a través de algún tipo de trabajo cristiano a “tiempo completo”. Sin embargo, mis intereses y experiencia apuntaban hacia la ingeniería y los negocios. Cuando le pedí al Señor que me guiara, sentí que me decía: “John, te he llamado a los negocios. Dedícate de lleno.”
Muchos cristianos luchan por conocer su llamado. Nuestra cultura hace una distinción incorrecta entre los “sagrado” y lo “secular”; otorgando más nobleza a las actividades sagradas. Pero ni Jesús ni sus seguidores lo veían así. A. W. Tozer, en La Búsqueda de Dios , dice: “La antítesis sagrado-secular no tiene fundamento en el Nuevo Testamento.”
Dios llama a muchas personas a diferentes tareas honorables; desde la educación hasta la ingeniería, desde la agricultura hasta las fábricas, desde criar hijos hasta dirigir compañías. El desafío es mantener nuestras actividades en harmonía al diseño de Dios y no en oposición al mismo.
Para ver más clara su vocación, tome en cuenta: ¿Qué talentos tengo? ¿Qué me gusta hacer? ¿Cómo me han preparado la educación y la experiencia? ¿Qué noto que a Dios le gusta? El trabajo es algo más que el salario. Descubramos a qué nos ha llamado Dios y hagámoslo lo mejor que podamos.

Versículo Clave

"Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo"
Colosenses 3:23


¿Cómo me mantengo centrado en lo que perdura y es más importante?

                     













                                                                                                                                                                                                                                                     Cuando estamos estudiando para un examen, cambiándole los pañales a un bebé o cerrando un trato de negocios, es difícil darle mucha importancia a la eternidad. La mayor parte del tiempo estamos pensando en lo siguiente que vamos a hacer. Pero las Escrituras nos recuerdan que "Dios puso la eternidad en nuestros corazones (Eclesiastés 3:11). Hay algo en nuestro interior que nos llama a comprender lo que perdura y lo que es más importante.
La Biblia es nuestra guía fidedigna para entender lo eterno; asegurándole al creyente en Jesucristo que la promesa de vida eterna es tan cierta como la realidad de su propia vida. El apóstol Pablo comprendió que estábamos diseñados para la eternidad: “En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo para que sea como su cuerpo glorioso, mediante el poder con que somete a sí mismo todas la cosas” (Filipenses 3:20–21).
¿Tiene esta perspectiva un efecto sobre nuestra vida en la tierra? ¡Por supuesto que sí! La confianza en el propósito final de Dios produce verdadera esperanza y nos da la fortaleza de perseverar, sea cual sea la prueba. A comparación con la eternidad, nuestra vida diaria no es más que un momento, un vapor.
Podemos decir, con el apóstol Pablo: “…porque sé en quién he creído, y estoy seguro de que tiene poder para guardar hasta aquel día lo que le he confiado” (2 Timoteo 1:12).

Versículo Clave

"Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento"
2 Corintios 4:17

Sucitir y Esperar

¿Cuál es la manera más eficaz de ayudar a los demás?

Al prepararme para la “despedida”, me complace profundamente que esté edificando una base espiritual sólida en su vida. Cuando aceptó a Cristo, usted fue rescatado de la oscuridad y sumergido en la luz de Cristo. El apóstol Pedro dice: “(Él) los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).
Ahora lo animo a que irradie la luz que ha recibido en las vidas de los demás. Esta es la promesa que Jesús le hizo a una mujer atrapada en la oscuridad del pecado moral: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).
A través de toda la Biblia, la luz es un tema central y una metáfora poderosa. Siempre se pone en contraste con la oscuridad. De hecho, la luz extingue la oscuridad. Usted habrá visto cómo una sola vela puede iluminarlo todo en una sala que, de otra manera, estaría oscura. Incluso estos mismos estudios, al salir a la oscuridad de un mundo saturado de pecado, son una forma de luz que desafía a la oscuridad.
No subestime nunca la manera en la que puede llevar la luz a sus círculos de influencia, familiares, amigos, compañeros de clase o de trabajo. Recuerde, no es su luz, sino la luz de Cristo que brilla en usted.
Termino con el encargo que Jesús dio a sus seguidores: “Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo” (Mateo 5:16).
Me siento agradecido y honrado de que el Señor nos haya permitido conocernos.
Dios le bendiga: lupes montero encarnacion

El esta hay

¿Qué hago ahora?

Hace poco escuché a una mujer anciana decir con tristeza: “Mi vida de oración no se acerca si siquiera a lo que me gustaría que fuera.” No se trataba de falsa humildad. Era el lamento de quien ansía conocer más y más a Jesús.
El Apóstol Pablo también era ya muy mayor cuando dijo, con una pasión similar: “Quiero conocer a Cristo.” Él nos recuerda al atleta que se esfuerza por llegar a la meta final y continúa diciendo: “Olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando a la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús“ (Filipenses 3:10, 13–14).
T. Austin-Sparks, reflexionando sobre la inmensidad de Cristo, dijo: “El efecto de la obra del Espíritu Santo sobre nosotros es el de llevarnos a la orilla de un inmenso océano que alcanza mucho más allá de lo que podemos llegar a divisar; y en cuanto a los sentimientos: ¡qué profundidad y plenitud, la de Cristo! Si llegamos a vivir tanto como el hombre que más haya vivido, todavía seguiremos en la orilla de esta vasta inmensidad que es Cristo” (Austin-Sparks, La escuela de Cristo).
Este estudio termina mañana. ¡Felicitaciones! ¡Usted lo ha seguido durante 30 días! Lo exhorto a que continúe creciendo, ya que tan solo ha arañado la superficie. ¡Hay mucho más! Y usted tiene la capacidad de recibir mucho más.
¡Conocer a Cristo es una búsqueda de toda una vida!

Versículo Clave

"¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento d
 
e Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos!"
Romanos 11:33